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    PA B L O

     

     

     Pablo y Jali

     

    Hoy quiero hablar de Pablo, de la vida, la muerte y la agonía de Pablo.

    Tenía 30 años, y era de los hombres más hermosos que yo haya visto en la vida.

    Poco tardaré en contar su vida. Había nacido en Madrid, sus padres se habían divorciado hacía tiempo y ambos habían rehecho sus vidas. El y su hermano se quedaron con la madre, que dio el importante paso de hacerse miembro de los Testigos de Jehová, y en esas creencias educó a los hijos. Pero pronto se independizaron, de aquellas enseñanzas se olvidaron, según parece. Desde muy pronto Pablo "se buscó la vida", un trabajito aquí y otro allá, soñando mientras tanto unas veces, con montar su propia empresa, otras, con sacar alguna oposición... como tantos.

     

    Topó con una chica de circunstancias similares, pero bastante "ligera de cascos", bastante inestable; decidieron establecerse en una población cercana al mar, a ella le gustaba, le daba paz, decía. A él le pareció bien, su madre vivía ahí. Y se casaron, y tuvieron primero un niño, y pocodespués  vino la niña. Pablo trabajaba para mantener a su familia. Tenían una casita alquilada, una moto, dos hijos, una vida. Nunca la ví a ella tan estable, tan en paz, tan serena. Y a todos nos encantaba como Pablo jugaba, calmaba y dormía a sus hijos.

     

    Fue un 24 de Diciembre. Pablo salió a trabajar como cada día en su pequeña moto. Llovía. La moto patinó.

     

    Llevado al Hospital del lugar entró en estado de shok. Total, una clavícula y un brazo rotos. El centro sanitario al parecer solo tenía aparatos de Rayos X, y a los médicos no les pareció necesario más pruebas. Escayolado no paraba de gritar, pero el personal sanitario solo estaba preocupado por investigar si se drogaba.

     

    Al tercer día estalló en un "Dios, tengo muchas ganas de orinar", y orinó y orinó sangre. Por fin la voz de alarma, hígado, bazo y riñones destrozados, hemorragia interna. "Te tenemos que operar" le dijeron. Y llegaron los consejos maternos, la  pérdida del alma, aquellos miedos de cuando era niño. Y entre las brumas del dolor y la morfina firmó, firmó que no consentía  que le transfundieran sangre. Supongo que nadie, sobre todo él mismo pensaron que pasaría nada. El quirófano, el coma inducido...

     

    El 30 de diciembre recibí la llamada de socorro de su mujer. Vete al Juzgado le dije, solo un Juez puede salvarle ahora.

     

    Ella fue al Juzgado, un Juzgado vacío y sin Juez, un solo funcionario. El funcionario llama a la Juez por teléfono. Lacónico le informa que que ella no puede hacer nada si él ha firmado.

     

    Otra llamada frenética desde 400 Kms de distancia. Haz la petición por escrito y la dicto palabra por palabra, alegación tras alegación, al final el suplico. Preséntalo ahora mismo le digo. Tiene que contestar por escrito. Si lo deniega, recurre.

     

    Aquella noche, de madrugada. Era 31 de diciembre y  Pablo murió sin haber despertado del coma inducido.

     

    Aquella Juez pudo haber salvado su vida; el propio hospital que en principio cometió el primer y más grave error, tampoco lo comunicó al Juzgado; las creencias religiosas de aquella madre colaboraron de forma importante.

     

    Entre todos le mataron y él solito se murió.

     

    En la ceremonia previa a su incineración, hablaron "ellos" , aquellos creyentes, y le llamaron "héroe"

     

    Yo acuso, al  sistema sanitario que lo dejó morir, acuso a la Juez que lo dejó morir, acuso a esos fanáticos con tanta creencia absurda, acuso a esa empresa avariciosa que negó como causa de muerte el accidente "in itiniris causa"  alegando que había sido una "muerte voluntaria".

     

    Su viuda no denunció ni recurrió más. Los largos procesos legales están hechos para los ricos.

     

    Y qué queda? Queda una viuda que volvió quizás para siempre a la inestabilidad; quedan sus hijos, esos niños engrosando este mundo de huérfanos sin sentido.

     

    Y queda su recuerdo.  Y es que en ese pequeño mundo, nunca ví a nadie tan necesario como a Pablo.

     

    En memoria de Pablo  (1975-2005)