- Una vez, hace mucho tiempo, cuando mis hijos eran pequeños, abrumada por tanto amor como sentía por ellos, un amor que creía universal, le dije al por entonces mi marido: "No hay nada en el mundo tan importante como mis hijos". Y... nunca me lo perdonó.
- No hace mucho por fin te conocí. Tras tanto tiempo de anhelos, cuando parecía ya que sería imposible. Eres tan hermoso... con esa mirada de niño que me vuelve loca. Nada te pedí y Tú me diste todo lo que me podías dar. Siempre te añoraré, siempre te querré.